Estigma: Barrera Para La Recuperación De Las Enfermedades Mentales

February 28, 2018

El estigma es un fenómeno que se encuentra presente en muchos ámbitos de la sociedad, incluyendo la salud mental. Estudios realizados en dicho campo indican que el estigma limita los derechos de las personas con trastornos de salud mental, promueve la discriminación, disminuye las oportunidades de acceso a servicios no solo de salud mental sino de salud física, vivienda, educación, entre otros, y dificulta la adherencia al tratamiento. Pese a esto, cabe señalar, que nuestra sociedad es dinámica y por lo tanto, creemos que el cambio de actitudes sociales hacia las personas con enfermedades mentales es posible si utilizamos los puentes adecuados que facilitan ese proceso.

 

 

En el ámbito de la sociología, se define estigma, como el conjunto de actitudes, mayormente negativas, que un grupo social mantiene sobre otros grupos minoritarios basándose en algún tipo de rasgo diferencial o ¨marca¨ que permite identificarlos. Según Erving Goffman (1963), se utiliza el término para desvalorizar a una persona o grupo por algún rasgo o característica (físicas, conducta, aspecto, etc.) lo que ocasiona que dicho rasgo se relacione con un estereotipo negativo hacia la persona que lo posee. 

 

 

El estigma viene acompañado por otros actores: la socialización (incluye la cultura) y las políticas públicas/sociales creadas para trabajar con la salud mental.  En el proceso de desarrollo, los seres humanos vamos aprendiendo y otorgando significado a lo que nos rodea mediante nuestro contacto con otras personas, inicialmente con la familia y luego con otras instituciones sociales como los medios de comunicación, la escuela, la iglesia, etc. En esta interacción vamos internalizando y haciendo nuestros la cultura, valores y principios que nos ayudan a integrarnos a la sociedad, los sociólogos llaman a este proceso socialización.  También, aprendemos a otorgar categorías de bueno o malo, correcto o incorrecto, normal o anormal, entre otras. 

 

 

Roy Porter, en su libro Breve historia de la locura (2002), hace un recuento de la manera en que se fue conceptualizando y trabajando la ¨locura¨ en distintas épocas. Establece que las culturas significan la locura dependiendo de la idea dominante de los grupos que componen dicha sociedad y es relativo a la época. La primera concepción de la locura fue la demónica, las personas eran poseídas por demonios; en la época del cristianismo, la locura fue conceptualizada como un pecado o defecto moral y para la Edad Media, se consideró la locura como producto de los pactos con el diablo y como efecto de la confirmación de la brujería. Michael Foucoult (1961) señala, que como consecuencia de estas concepciones avaladas por los grupos dominantes y por los gobiernos, se excluían las personas de las ciudades, los que contaban con dinero también los sacaban del hogar para institucionalizarlos en lugares fuera de la ciudad, compartían los espacios con delincuentes, desertores, prostitutas, y en condiciones infrahumanas. A los pacientes furiosos, se los amansaba mediante ayunos, palos y duchas frías. Si no respondían a ese ¨tratamiento¨, se les fijaba a un muro, mediante una cadena corta.  

 

 

Antonia Rivera (1995), quien documentó los primeros registros acerca de los servicios de salud mental que recibían los puertorriqueños, indica que para el 1844 se había destinado en el sótano de la Casa de Beneficencia de San Juan, unas áreas parecidas a calabozos denominadas ¨las jaulas de los locos¨ (las personas con enfermedad mental eran llamados ¨dementes¨ o ¨locos¨).  Debido a que los funcionarios comenzaron a cuestionar ese tipo de trato, el gobierno busca otras alternativas y surge la creación de un hospital solo para personas con enfermedad mental o el Manicomio.  Ya para el Siglo XVI, se comienzan a expresar dudas sobre las causas sobrenaturales de la ¨locura¨ y se comienza a perfilar la idea de que son de origen físico y no del alma.

 

 

Como vemos, el estigma dirigido a las personas con enfermedades mentales va unido a tres conceptos que se refuerzan mutuamente: estereotipos, prejuicios y discriminación. Los estereotipos son las creencias que se han ido formando y fortaleciendo a través del tiempo (ej. las personas con enfermedad mental son agresivas). Los prejuicios son las reacciones emocionales (siento miedo cuando veo una persona con enfermedad mental).  La discriminación es la respuesta al prejuicio (me alejo, evito, excluyo o aíslo a la persona con enfermedad mental). Los estereotipos van creando en la sociedad en general un malestar o incomodidad hacia las personas con enfermedad mental por otorgarle características de peligrosos, impredecibles, carentes de destrezas para relacionarse con otros e incapaces de dirigir sus vidas. Es lamentable, pero esto se extrapola también a los profesionales de la salud física y la salud mental. En las Salas de Emergencias llegan pacientes con quejas físicas, pero por su historial de tratamiento de salud mental reciben un trato distinto. Los profesionales se alarman respondiendo a sus estereotipos y en su urgencia para que el paciente salga de la sala pueden obviar la necesidad real del mismo y ocasionarle más daño que bien. En los distintos escenarios sociales a los que se exponen las personas con enfermedad mental se puede percibir el miedo y las conductas de exclusión, evitación, rechazo y segregación. Lo antes expuesto, dificulta el acceso a todo tipo de servicios como la educación, el trabajo, vivienda, servicios de amas de llaves; la oportunidad de tener una relación de pareja y formar un hogar con hijos, entre otros.

 

 

Además, no se puede obviar el efecto psicológico en la persona que es rechazada, la baja autoestima ocasionada o exacerbada por esas experiencias, el temor a buscar ayuda porque se le identifica como ¨loco¨, y la posibilidad de las ideas o actos suicidas/homicidas como respuesta a esos estereotipos, el prejuicio y la discriminación.  

 

 

La literatura apuesta a un cambio en las actitudes sociales con relación a la enfermedad mental.  Prácticamente todos tenemos familiares, amigos o conocemos a alguien que sufren o ha sido impactado por alguna enfermedad mental.  Así que no estamos ajenos a la situación y podemos reconocer que en P.R hay un problema serio de salud mental que se va agravando día a día.  Una vez hacemos ese reconocimiento de la magnitud del problema, vamos construyendo puentes para la erradicación de el estigma. Comenzamos con eliminar la idea de que la enfermedad define la persona. No son esquizofrénicos, depresivos, bipolares o adictos; son personas con esquizofrenia, depresión, bipolaridad o con adicción.  Tampoco son locos, dementes, anormales o personas violentas. Cambios en las percepciones generan cambios es las actitudes y comportamientos. La educación, desde los años primarios, acerca de las enfermedades mentales ayuda en la prevención y a contestar preguntas de manera informada alejándose de mitos y concepciones erróneas. La disponibilidad de tratamientos efectivos y sensibles al dolor humano facilitan el acceso y la adherencia al tratamiento, aspecto importante para la prevención de recurrencias.

 

Fomentar a través de los medios de comunicación masivos que algunas enfermedades se pueden prevenir, que existen tratamientos disponibles y que algunas enfermedades se pueden curar, ayudaría a reducir el temor y la ignorancia. Promover en las personas un cambio de visión en la cual se crea en la capacidad de todos los individuos para mejorar sus condiciones de vida, que poseen la capacidad para aprender y para ser ciudadanos que aporten al bienestar de la sociedad. 

 

 

 

Ese empoderamiento es necesario tanto para las personas que padecen la condición como para las familias y seres significativos quienes también tienen que lidiar con el aislamiento y rechazo que provocan los estereotipos y los prejuicios.  Por último, y no menos importante, el desarrollo de políticas públicas y sociales enmarcadas en la justicia social y los derechos humanos como prioridad es un aspecto clave para continuar luchando por la igualdad en el trato, la accesibilidad y la creación de servicios eficientes y eficaces para trabajar con la población con condiciones de salud mental y sus familias.  No olvidemos que las personas con enfermedad mental, al igual que las demás personas, tienen una historia de dolor y de logros, de talentos y debilidades, de sueños y aspiraciones. Todos podemos convertirnos en barreras o en puentes en el proceso de recuperación de las personas con enfermedad mental, ¿de qué lado estás?.

 

 

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