Suicidio: Realidades de los seres queridos que le sobreviven a aquellos que se quitan la vida

 

 

El suicidio es un asunto que merece mayor atención a nivel familiar, comunitario y de política social.  Según estadísticas del Departamento de Salud, en el 2017, se registraron 258 suicidios, mientras que para el año 2018 hubo 239.  A julio 31 del 2019, se han reportado un total de 115 muertes por suicidio, 13 menos que los reportados el año pasado para la misma fecha. Esta alegada disminución en las muertes por suicidio no debe llevarnos a concluir que el problema se ha resuelto.  El que perdamos una sola vida por suicidio nos debe llevar a reflexionar y a ocuparnos para que el suicidio no sea una alternativa para la solución de problemas de nuestra gente.

 

Un aspecto del que casi no se habla con relación al suicidio está relacionado con el efecto o los efectos del suicidio en aquellos familiares que han tenido que vivir la pérdida; muchas veces inesperada, de ese ser amado que se ha quitado la vida.  No se discute por el mismo estigma que permea alrededor del suicidio.  En general, las personas no quieren vivir con la marca o la vergüenza de ser el familiar, el hijo/a, la madre/el padre, la hermana/o, el sobrino/a del suicida. 

 

También, evitan hablar por:

  • Temor a revivir lo que ocurrió ya que les causa mucho dolor emocional.

  • Porque se les va a preguntar si conocen la razón por la cual lo hizo, qué lo llevó a esa decisión fatal.

  • Les cuestionarán si conocen quién o quiénes son los culpables.

  • Los confrontarán con su habilidad para darse cuenta de que la persona tenía algún problema.

  • Les preguntarán si sabían que estaba deprimido.

Esto puede generar en los que quedan los siguientes sentimientos:

  • Frustración

  • Coraje con uno mismo, con los médicos, con Dios y con el suicida.

  • Mucha culpa por no haberse dado cuenta de lo que estaba ocurriendo y no haberlo evitado.

  • Miedo a que algún miembro lo repita, a lo incierto del futuro, al futuro del suicida más allá de la muerte.

  • Abandono (ahora me dejas solo/a).

  • Sentimiento de traición ¿Cómo me pudo hacer esto a mí?

  • Tristeza

  • Depresión

  • Y puede desencadenar intentos suicidas en otros familiares o personas significativas.

El familiar de la persona que comete suicidio entonces entra a experimentar las etapas del duelo, las cuales son comunes en toda clase de pérdidas. Sin embargo, cuando se trata de una pérdida por suicidio, la carga emocional suele ser más intensa y, el proceso de aceptación y recuperación tiende a ser más prolongado.

  • Etapa de “Shock”: Primero se experimenta un estado de desconcierto donde hay incredulidad: “esto no puede estar sucediendo”. Se activa como un mecanismo de defensa, que surge para dar tiempo hasta asimilar la situación y asumir la realidad.  Esta etapa puede durar horas o incluso algunos días.

  • Etapa de Coraje: El familiar puede experimentar enojo por sentir que ha sido abandonado o percibir el acto de suicidio como uno egoísta.

  • Etapa de Desorganización o de Desesperanza: El familiar comienza a realizar la ausencia en definitiva; sin embargo experimentan por momentos la presencia del fallecido. Lo escuchan en el bullicio y sueñan con la persona. Hay confusión por momentos. Se sienten fuera de control por los cambios en rutina y en roles, por las responsabilidades que han tenido que asumir en lugar del que se ha suicidado. Experimentan apatía, tristeza, desinterés y también el impulso de hacer cambios radicales en su vida como mudarse, dejar el trabajo por otro o hacer cambios drásticos en el hogar.

  • Etapa de Reorganización: Lentamente van afrontando la nueva situación y se da paso a un proceso de adaptación.  Se está consciente de que la vida no volverá a ser la misma ya que la pérdida de un ser querido deja un vacío difícil de reemplazar, pero se continúa el camino.  Se espera lograr la reorganización y reconstrucción de la vida de los que le sobreviven a la persona que se suicidó.

 

En los niños y adolescentes

Varios estudios han analizado las implicaciones de la pérdida de uno de los padres por suicidio. Estos indican que los niños y jóvenes deben enfrentar a la misma vez dos eventos estresantes, primero la pérdida de uno de sus cuidadores primarios, y segundo, la muerte de una persona significativa de una manera tan traumática y con tanto estigma como el suicidio.

 

Señalan, además, que estos niños sobrevivientes al suicidio de sus padres corren un alto riesgo de padecer problemas psicosociales y trastornos mentales incluyendo la conducta suicida. Holly C. Wilcox, profesora en la Universidad de John Hopkins e investigadora de la conducta y prevención del suicidio, señala que “perder a un padre a una edad temprana se considera un catalizador para el suicidio y los trastornos psiquiátricos”.  De hecho, quienes perdieron a uno de sus padres en la niñez o adolescencia tienen 3 veces más riesgo de suicidarse y 2 veces más riesgo de ser hospitalizados por depresión que quienes tienen sus padres vivos. Se señala, además, que el suicidio de uno de los padres afecta más a los hijos en la medida en que son más jóvenes.

 

No debemos olvidar que existen también factores hereditarios y ambientales que pueden contribuir a aumentar o disminuir el riesgo de estos niños y jóvenes.  Un ambiente familiar amoroso, comprensivo, de apoyo, que promueva la comunicación y la expresión de sus pensamientos, miedos, sentimientos podría compensar en parte la pérdida sufrida y/o enfrentarla de una manera positiva.

 

Como sociedad podemos ayudar:

  • Hablando del suicidio en nuestras comunidades y en nuestros círculos cercanos.

  • Promoviendo la prevención.

  • Hablando de la detección temprana de síntomas y signos de depresión o de alguna condición de salud mental incluyendo la adicción a drogas recetadas o ilegales, porque ellos y ellas también se sienten desesperados, sin esperanza, abandonados, rechazados y todo eso se convierte en una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar.

  • Brindando los números de teléfono para buscar ayuda.

  • No hacernos de la vista larga, ver esto como un problema de TODOS. 

 

 

Podemos ser de ayuda para las familias sobrevivientes:

  • Escuchándolas atentamente y sin juzgarlas.

  • Apoyándolas cuando requieran de nuestra ayuda.

  • Acompañándolas cuando se sientan solas y con necesidad de hablar con alguien.

  • Evitando el solicitar que le cuenten los detalles del evento y preguntas que ocasionan más dolor.

  • Haciéndoles saber que en esos momentos en que la persona tomó la decisión de terminar con su vida lo hizo porque padecía una enfermedad en la cual las ideas suicidas eran parte de los síntomas y no por culpa de otra persona.

  • Ayudándolas a entender que el dolor emocional que estaba experimentando esa persona era tan fuerte que se convirtió en insoportable.

  • Diciéndoles que cuando alguien contempla la idea del suicidio, su campo de conciencia se estrecha.  Es lo que se denomina “visión de túnel”: todo alrededor es oscuro y confuso; los estímulos externos – los padres amorosos, la pareja suplicante, los hermanos comprensivos, los hijos dependientes- se excluyen de la conciencia y sólo permanece la idea fija del suicidio como única salida.

  • Ayudándoles a identificar la necesidad de ayuda psicológica y hacerles accesibles la coordinación de servicios.

En el Hospital Pavía de Yauco, además de proveer servicios de salud física, tenemos una unidad de salud mental con un enfoque interdisciplinario. Nuestro objetivo es la estabilización de signos y síntomas cuando se tiene un intento suicida, o para quienes ante la pérdida de su ser significativo muestran señales de una condición de salud mental, como es la depresión.

 

Nuestra Institución tiene un equipo de profesionales para dirigir al paciente a través del proceso de recuperación ya que creemos en el potencial de cada individuo para afrontar las situaciones, fortalecer su salud mental y lograr alcanzar una vida plena.

 

Si necesita ayuda contáctenos a través del (787) 856-1000.  En el Hospital Pavía de Yauco, cuidamos de tu Salud Física y Mental.

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