El dolor ha sido a través de la historia humana una de las respuestas básicas ante estímulos experimentados en el diario vivir. Existen diversas razones por la cual una persona experimenta el dolor, puede ser debido a una lesión física, un evento desagradable o malestar emocional. El dolor es aquella experiencia que nos ayuda a sobrevivir y se manifiesta mediante diversas estructuras cerebrales. La conexión entre la sensación fisiológica y la interpretación realizada a nivel cerebral influirá ante la percepción que una persona pueda tener sobre el dolor y como eventualmente reaccionará ante el mismo. La primera vez que atendí a una persona con dolor crónico pude comprender cuan complejo puede ser vivir con molestias las 24 horas, sin poder dormir y realizando movimientos repetitivos para lograr disminuir la sensación incomoda en el cuerpo. Los múltiples intentos para evitar el dolor pueden causar frustración, desesperanza y riego de suicidio, por tal razón, por lo que es importante hablar sobre el dolor crónico.

 

     La Asociación Internacional para el estudio del Dolor (2009), define el dolor como una experiencia sensorial, emocional desagradable asociado a un daño real. Cuando una persona siente dolor alrededor de 3 a 6 meses sin que le afecte en su diario vivir se conoce como dolor agudo que puede desaparecer y reaparecer. Cuando el dolor permanece más de 3 a 6 meses afectando el estilo de vida de la persona, este se define como dolor persistente o dolor crónico. La causa del dolor crónico es multifactorial, su desarrollo puede verse influenciado por factores físicos, psicológicos y sociales. La incapacidad de trabajar, mantenerse activo en las tareas del hogar, participar en eventos sociales, son algunos de los cambios que suele ocurrir al padecer de dolor crónico. Según la Revista Medicina y Salud Pública (2019), los cambios en la conducta más frecuentes entre los pacientes con dolor crónico es la anhedonia, definida como la incapacidad de sentir placer por las cosas satisfactorias. En algunos casos ante el cambio de vida y las limitaciones presentadas. Las personas pueden desarrollar respuestas emocionales como la frustración, la tristeza, el coraje, y la desesperanza. La incapacidad de poder dormir debido al dolor persistente y la exposición a situaciones de estrés pueden aumentar la sensación de dolor, malestar, provocando síntomas asociados a la depresión y la ansiedad. En el ciclo de la experiencia del dolor se afecta el patrón alimenticio, dificultad para concentrarse, baja autoestima y fatiga.

 

 

 

 

 

 

     Para el manejo del dolor existen diversos tratamientos, entre ellos se encuentra la farmacoterapia, la psicoterapia y la intervención médica de grupos multidisciplinarios. La intervención basada en la evidencia que ha demostrado mejores resultados son las intervenciones que utilizan modelos biopsicosociales, ya que se trabaja de forma holística el dolor del paciente. De igual forma, existen técnicas de respiración conocidos como la respiración profunda diafragmática y la respiración muscular progresiva. La meta de las técnicas es prestar atención a su respiración y minimizar la evitación hacia el dolor. Se recomienda la práctica de la atención plena y la meditación como herramientas básicas para el manejo del dolor. Otras alternativas para el manejo de dolor pueden ser la terapia física, la terapia ocupacional, el llevar acabo rutinas de ejercicio físico, visitas al quiropráctico y naturópata, métodos de caliente y frio, masaje terapéutico, musicoterapia, biofeedback / biorretroalimentación, yoga y tai chi.

 

     En conclusión, si usted o algún conocido padecen de dolor crónico comuníquese con su médico primario. La comunicación médico y paciente es primordial para el entendimiento de la sensación subjetiva del dolor crónico. Busque asistencia de Psicólogos especializados en el manejo del dolor, al igual que grupos de apoyo que le ayuden a sobre llevar los cambios de vida que provoca el dolor crónico. Puede visitarlos en la al Hospital Pavía de Hato Rey para recibir asistencia.

 

 

Referencias:

 

Change Pain. (2009). ¿Cómo se define el dolor crónico? Recuperado de

https://www.grunenthal.org/grt-change-

painportal/change_pain_home/chronic_pain/insight/definition/es_ES/324800317.jsp.

 

Garg, R., Joshi, S., Mishra, S., & Bhatnagar, S. (2012). Evidence based practice of chronic

pain. Indian journal of palliative care, 18(3), 155–161. doi:10.4103/0973-1075.105684.

 

Martínez, A. (2019). Fisiatría la clave para controlar el dolor crónico sin necesidad de opiáceos.

Medicina y Salud Publica. Recuperado de https://medicinaysaludpublica.com/fisiatria-la-

clave-para-controlar-el-dolor-crónico-sin-necesidad-de-opiáceos/.

 

Medicina y Salud Publica. (2019). Puerto Rico crea el primer implante para el dolor en América

Latina. Recuperado de https://medicinaysaludpublica.com/primer-implante-de-nuevo-

dispositivo-en-america-latina-para-el-dolor-cronico-se-implanta-en-puerto-rico/.

 

Mental Health America. (2019). Chronic Pain and Mental Health. Recuperado de

https://www.mhanational.org/chronic-pain-and-mental-health#six.

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